Ayer hablaba con una clienta que me comentaba algo curioso. Curioso porque, en realidad, todos hemos pasado alguna vez por ello.
Me decía que desde hace unos días se encontraba sorprendentemente bien. No es que le hubiera tocado la lotería, ni hubiera aparecido un príncipe azul montado sobre un unicornio fiscalmente declarado. Sus problemas seguían exactamente donde estaban. Las facturas seguían llegando. Las obligaciones seguían esperando. El mundo tampoco había mejorado demasiado.
Y, sin embargo, ella se sentía bien.
Más tranquila.
Más cómoda consigo misma.
Más en paz.
Lo más interesante era que no encontraba ninguna explicación racional para ello.
La explicación astrológica sí la encontramos fácilmente. Desde hace varios días estamos bajo la influencia de la conjunción entre Venus y Júpiter, una de esas configuraciones que suelen traer una sensación de bienestar, optimismo y reconciliación temporal con la existencia.
Durante unos días parece que el mundo afloja la presión.
No porque haya cambiado nada objetivamente, sino porque cambia nuestra forma de percibirlo.
De repente toleramos mejor a la gente. Las preocupaciones pesan menos. Incluso nosotros mismos nos caemos algo mejor.
Naturalmente, después llegó la pregunta inevitable:
—¿Y esto cuánto dura, Bernardo?
La respuesta fue menos romántica de lo que le habría gustado escuchar.
Poco.
Porque los planetas rápidos son como esos amigos que aparecen en una fiesta con una botella de buen vino, crean un ambiente maravilloso y desaparecen antes de que llegue la hora de recoger.
La conjunción Venus-Júpiter suele tener una expresión efectiva de apenas unos días. Cinco, seis o siete como mucho. Lo suficiente para recordarnos cómo es respirar sin sentir que llevamos una lavadora industrial encima de los hombros.
Pero nada dura eternamente.
Y mucho menos en astrología.
El próximo día 17 de junio, a las 20:36 horas, encontraremos la oposición exacta entre Plutón y la conjunción Luna-Venus.
A partir del 15, los mas sensibles comenzareis a notar que esto esta cambiando, comienza a desdibujarse esta agradable sensación, que nos estaba acompañando, llego sin saber por donde ni a causa de que, y así como llego seguirá su camino, como tu y yo.
Y ahí cambia el decorado.
La Luna y Venus representan la necesidad de bienestar, afecto, comodidad emocional y armonía. Plutón, por su parte, tiene la desagradable costumbre de preguntarnos qué hay escondido debajo de la alfombra justo cuando habíamos conseguido olvidarlo.
Mientras Venus y Júpiter nos invitan a disfrutar del jardín, Plutón nos recuerda que debajo del césped siguen enterradas las tuberías.
La oposición no tiene por qué ser un acontecimiento dramático. No necesariamente ocurrirá nada extraordinario. Pero sí puede producir la sensación de que el hechizo se rompe.
La persona que durante unos días se sentía ligera puede volver a conectar con aquello que realmente le preocupa.
Las emociones recuperan profundidad.
Las relaciones muestran sus zonas menos cómodas.
Y aquello que parecía resuelto simplemente porque habíamos dejado de pensar en ello vuelve a llamar a la puerta.
No es un castigo.
Es un cambio de escenario.
Porque la función de Venus-Júpiter no era solucionar nuestros problemas. Era darnos un pequeño descanso para poder afrontarlos después desde otro lugar.
Ahora comienza otra fase.
Y esa fase nos conduce directamente hacia la próxima Luna Llena de finales de junio.
Una Luna Llena de la que tendremos que hablar largo y tendido porque actúa como puerta de entrada a un mes de julio que muchos compañeros llevan meses anunciando.
Yo he preferido esperar.
Esperar a que los acontecimientos empiecen a colocarse sobre el tablero.
Pero ya os adelanto una cosa.
La conjunción Venus-Júpiter ha sido el aperitivo.
La oposición de Plutón viene a retirar los platos de la mesa.
Y lo que llega después es el menú completo.
A partir del día 28 comenzaremos a comentar con detalle el bocadillo que se nos acerca.
Y os aseguro que no parece precisamente pequeño.
Tesalia Zeus,
Hay días amig@s, que tienen algo especial, hoy 16/6, el año no importa, Como cualquier otro día, cumplirían años y cumplen años un sinfín de personas, entre ellas, Gerónimo, jefe indígena norteamericano, Stan Laurel, El Flaco, actor británico de cine cómico (El Gordo y el Flaco), López Portillo, abogado y político mexicano, presidente de México, César Pérez de Tudela, alpinista español, Giacomo Agostini, motociclista italiano, Leopoldo María Panero, escritor español. Entre todos ellos, sobresalen 2, como los nenúfares que anclan sus raíces en el lodo y muestran su belleza, sobre las aguas, el Leopoldo María Panero (el hijo) un poeta maldito, o un maldito poeta. Ella Alice A. Bailey, la mujer que incoó más profundamente sus garras en mí, que al igual que Juan Manuel Serrat, puedo decir, “He tingut sort amb les dones, i ja és dir”. Permitirme hoy, un homenaje, una presentación del personaje a todos aquellos que no han conocido su obra, alguien imprescindible para aquellos que se consid...

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