Del inversor prudente al especulador accidental Llevo días observando al Bitcoin con la misma paciencia con la que un gato vigila una lata de atún cerrada. Mi brillante plan consistía en esperar una corrección, una bajadita razonable, un pequeño susto del mercado que me permitiera entrar cómodamente. Pero Bitcoin, como suele hacer cuando uno intenta ser sensato, decidió subir más de 3.500 euros mientras yo esperaba. En teoría, siempre recomiendo a quienes consultan conmigo que mantengan un equilibrio entre posiciones conservadoras y posiciones especulativas. Una parte del capital en activos más sólidos y otra destinada a aprovechar oportunidades de mayor riesgo. Es un consejo razonable, prudente y bastante inteligente. El problema es que los mercados tienen la desagradable costumbre de poner a prueba nuestras propias teorías. Así que aquí estoy, dispuesto a abandonar temporalmente mi cómodo despacho de astrólogo financiero para adentrarme en el fascinante mundo de la especulación. No porque haya recibido una señal divina, ni porque Mercurio me haya enviado un mensaje privado, sino porque después de ver cómo el tren se alejaba del andén, he decidido que quizá aún puedo saltar a uno de los vagones. La situación actual es curiosa. Tenemos incertidumbre geopolítica, volatilidad, bancos centrales haciendo de bancos centrales y miles de analistas explicando cada movimiento del mercado después de que haya ocurrido. Es decir, el entorno perfecto para que nadie sepa realmente qué va a pasar mañana. Por supuesto, seguiré recomendando prudencia a todo aquel que me pregunte. Continuaré defendiendo la diversificación, la gestión del riesgo y el sentido común. Pero mientras tanto, he decidido realizar un pequeño experimento práctico: convertirme durante unos días en aquello que normalmente observo desde la distancia. No espero hacerme millonario antes del próximo fin de semana. Tampoco descarto descubrir nuevas formas de perder la paciencia. Pero al menos podré contar la experiencia en primera persona. Porque si algo he aprendido en los mercados es que hay dos tipos de inversores: los que compran demasiado pronto y los que esperan tanto que terminan persiguiendo el precio. Y sospecho que yo acabo de solicitar oficialmente el ingreso en el segundo grupo. Veremos qué opina el mercado de esta nueva aventura. Aunque, siendo sinceros, el mercado suele tener la misma consideración por nuestras opiniones que un huracán por un paraguas. Tesalia Zeus.

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