Feijóo nace con una configuración muy centrada en sí mismo: Sol y Luna conjuntos en Virgo en casa uno. Cuando alguien nace en Luna Nueva, la conciencia (Sol) y las necesidades emocionales (Luna) suelen remar en la misma dirección. Hay menos conflicto interno, pero también menos distancia crítica respecto a uno mismo. Si además todo eso está en casa uno, la persona tiende a convertirse en su propio proyecto vital. Y claro, si añadimos un ascendente Leo con Urano conjunto al Nodo Norte en la casa uno y Plutón también allí, tenemos una mezcla peculiar: el funcionario meticuloso de Virgo por fuera parece un contable ordenado, pero debajo hay una enorme necesidad de controlar la narrativa, reinventarse cuando conviene y ejercer influencia. Ahora llega el espectáculo de los tránsitos. Urano transitando por la casa diez. Urano en la diez es como si alguien hubiera soltado un mono con una caja de herramientas dentro del despacho presidencial. Todo lo que parecía estable empieza a hacer ruidos extraños. La casa diez representa la reputación, la imagen pública y la posición social. Urano no pregunta si uno está cómodo; simplemente cambia los muebles de sitio. La experiencia suele ser: Sorpresas mediáticas. Cambios inesperados en la carrera. Necesidad de adoptar posiciones nuevas. Situaciones donde el control se vuelve imposible. Para una personalidad tan virginiana, que probablemente prefiere tener cada carpeta etiquetada y archivada, Urano puede sentirse como un becario hiperactivo que cambia los nombres de todos los archivos del ordenador "para modernizar el sistema". El Sol transitante aproximándose a la cuadratura de su Sol-Luna natal. Este aspecto suele funcionar como una pequeña crisis de identidad anual. Es como si el universo dijera: —Muy bien, llevas meses convencido de que sabes perfectamente quién eres y qué estás haciendo. Ahora vamos a comprobarlo. La cuadratura obliga a reajustar. En Virgo, además, el problema suele aparecer porque la realidad encuentra defectos en el plan. Siempre hay una pieza que no encaja. La ironía aquí sería que cuanto más intenta corregir los detalles, más detalles aparecen para ser corregidos. Es el momento clásico del técnico que abre una tapa para arreglar una avería y descubre otras tres. Júpiter entrando en la casa doce. Este tránsito es especialmente interesante. La casa doce es el lugar donde desaparecen las cosas: enemigos ocultos, asuntos que se cuecen entre bastidores, retiros, reflexiones y procesos de cierre. Júpiter allí suele actuar como un foco gigante iluminando habitaciones que llevaban años cerradas. La versión optimista: Protección invisible. Ayudas discretas. Mayor comprensión de lo que ocurre detrás de las cortinas. La versión irónica: "Por favor, que nadie abra ese armario." Y Júpiter responde: "Precisamente venía a abrir todos los armarios." Muchas veces este tránsito anuncia el final de un ciclo de doce años y una preparación silenciosa para una nueva etapa. Resumiendo la imagen astrológica humorística: Feijóo parece estar sentado en una oficina perfectamente ordenada por Virgo, convencido de que todo está bajo control. Entonces llega Urano por la ventana de la casa diez, desconecta el wifi, mueve el escritorio cuarenta centímetros a la izquierda y cambia la contraseña del ordenador. Mientras intenta entender qué está pasando, el Sol le recuerda que quizá tenga que replantearse algunas decisiones. Y justo cuando piensa que ya tiene suficiente trabajo, Júpiter entra en la casa doce con una linterna industrial diciendo: —No te preocupes. Solo vengo a revisar el sótano. Y todo astrólogo sabe que cuando Júpiter entra en el sótano de una carta, siempre encuentra algo. La cuestión nunca es si encontrará algo, sino cuánto polvo levantará al encontrarlo. Tesalia Zeus.

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