Mercurio acaba de abandonar su querido apartamento en Géminis. Ha cerrado la puerta de su domicilio, ha bajado las escaleras silbando y, después de varias semanas disfrutando de la velocidad mental, los chistes rápidos y las conversaciones de diez temas simultáneos, ha decidido trasladarse al signo de Cáncer para pasar el resto de la primavera y los primeros compases del verano. Hasta aquí todo parece normal. El problema es que la mudanza no empieza precisamente con buen pie. Nada más llegar, Mercurio se encuentra una cuadratura de Neptuno. Es decir, intenta introducir la nueva dirección en el GPS y este le responde: "Quizá sí. Quizá no. Tal vez ya hayas llegado. O tal vez la dirección seas tú mismo". No ayuda demasiado. Por si fuera poco, la Luna le recibe desde la oposición. Algo parecido a cuando llegas a una casa nueva cargado con cajas y lo primero que escuchas es: Tenemos que hablar. Y tú ni siquiera has encontrado todavía dónde está el interruptor de la luz. De las ideas a los sentimientos Mercurio en Géminis es el periodista. Mercurio en Cáncer es la abuela. Uno pregunta: ¿Qué ha pasado? El otro responde: No sé exactamente qué pasó, pero me hizo sentir muy mal. Durante las próximas semanas veremos cómo muchas conversaciones dejan de centrarse en los hechos para centrarse en las emociones que provocan esos hechos. No importará tanto quién tiene razón. Importará quién se ha sentido herido. Y ya sabemos que cuando la humanidad entra en esa dinámica, las redes sociales se convierten en una competición olímpica para determinar quién está más ofendido. La cuadratura con Neptuno: la fábrica de malentendidos Neptuno es ese personaje que entra en una reunión, apaga las luces, enciende una máquina de humo y se marcha sin dar explicaciones. Mercurio intenta entender. Neptuno intenta confundir. La combinación promete titulares dudosos, rumores con aspecto de verdad, verdades con aspecto de rumor y conversaciones en las que nadie sabe exactamente qué se está discutiendo, pero todos están convencidos de tener razón. Será una época ideal para frases como: Yo no dije eso. Sí lo dijiste. No, lo insinué. Pues yo entendí que lo dijiste. Ese es tu problema. Y así sucesivamente hasta el infinito. La oposición de la Luna: emoción en estado puro La Luna no viene a razonar. La Luna viene a sentir. Mercurio quiere explicar. La Luna quiere reaccionar. Mercurio presenta datos. La Luna presenta lágrimas, enfados, recuerdos de hace quince años y pruebas irrefutables basadas en sensaciones. No necesariamente en ese orden. Por ello, muchas conversaciones tendrán el encanto de una discusión familiar donde alguien intenta exponer un argumento racional y otro responde: Eso lo dices porque nunca me has comprendido. Fin del debate. Pero no todo son problemas Porque en Cáncer le esperan dos anfitriones de lujo. Nada menos que Venus y Júpiter. Es decir, Mercurio llega a una casa donde hay comida en abundancia, cariño, abrazos, recuerdos familiares, optimismo y una cierta tendencia a repetir postre. Varias veces. Venus aportará amabilidad, diplomacia y ganas de acercar posiciones. Júpiter ampliará todo lo que toque: los sentimientos, los recuerdos, la nostalgia, la protección de los seres queridos y también, cómo no, los dramas domésticos cuando sea necesario. Porque Júpiter tiene la curiosa habilidad de convertir una pequeña molestia emocional en una saga de ocho temporadas. Conclusión Mercurio deja atrás el reino de las palabras rápidas para entrar en el territorio de las emociones profundas. Durante unas semanas pensaremos menos con la cabeza y más con el estómago. Analizaremos menos y recordaremos más. Discutiremos menos sobre datos y más sobre sentimientos. Y, gracias a Neptuno, en ocasiones ni siquiera estaremos seguros de por qué estamos discutiendo. Así que si alguien le dice próximamente: Tengo una sensación extraña... No intente responder con estadísticas. Mercurio ya no está en Géminis. Ahora vive en Cáncer. Y allí las emociones siempre tienen la última palabra, aunque nadie recuerde exactamente cómo empezó la conversación. Tesalia Zeus.

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