No sé si os pasa también, pero hay días que se presentan como un simple tópico y acaban convertidos en un auténtico sainete nacional. Felices madrugadas para todos. Demasiado temprano esta mañana me ha venido a la memoria aquella otra vez en la que salía de casa a las tres y media de la madrugada rumbo a Perín para recoger a mi amigo José. Al llegar, para no romper la tradición, José todavía no estaba preparado. Y eso que era uno de esos días en los que no teníamos las horas contadas... teníamos los minutos contados. Segundo café de rigor, algunos reproches cariñosos por mi parte y veinte minutos de retraso después, ponemos rumbo a la parte baja de la calle Amparo, allá, en la capital de las Españas. No solamente íbamos tarde, sino que el hombre decide que es el momento ideal para enseñarme el coche que le habían dejado como nuevo. Motor hecho, pintura impecable y todo realizado en Marruecos por cuatro chavos. —¿Cómo quieres que vea el coche, José? ¡Si todavía no tengo los ojos abiertos y es noche cerrada! Continuamos viaje y, al llegar a La Roda, hacemos la parada obligatoria. Porque hay pocas experiencias más españolas que desayunar unas costillas a la brasa cuando el sol todavía está negociando si salir o no. Después de unas horas de compras, emprendemos el regreso. Eran las tres y media, cuatro como muy tarde. Había que estar de vuelta antes de las ocho para abrir los stands. Y entonces aparece el gran protagonista de toda historia española de carretera: la autopista completamente bloqueada. —Bueno, ya veremos qué pasa. Y lo que pasa es que pasan dos horas... y no pasa nada. Empiezan a sonar sirenas. Primero dos motos de la Guardia Civil. Después ambulancias. Más motos. Un coche de bomberos. Todos adelantando mientras nosotros nos pegamos a la derecha como podemos, convirtiéndonos en parte del paisaje. El calor aumenta. La paciencia disminuye. —José, creo que hoy no vamos a abrir. —No... a la hora que es y tal como está la cosa, yo tampoco lo creo. Y ahí lo comprendí. Ya habíamos vivido el tópico. Ahora estábamos interpretando el sainete. Porque hay días en los que uno sale de casa pensando que va a trabajar y acaba participando, sin quererlo, en una producción improvisada del teatro nacional español. De regreso a la tarde-noche de ayer. Hay días en los que uno simplemente quiere sentarse a ver un partido de fútbol de esos que tanto gustan a los comentaristas deportivos, un auténtico David contra Goliat. Jugaba Alemania contra un país que, siendo sinceros, no había oído nombrar en mi vida. Así que pensé: «Esto puede estar interesante». Y efectivamente, a la media hora de partido, cuando la cosa empezaba a ponerse entretenida, llegó ella... la intuición. —¡Dios mío! ¡Divino Zeus! ¿Ha de ser ahora? Por supuesto, todas las preguntas que le hago a Zeus son de esas cuya respuesta no se espera. No recuerdo cómo se llaman, pero son de las que uno lanza al universo mientras sabe perfectamente que le toca ponerse manos a la obra sin esperar contestación. Y entonces llegó la inspiración que llevaba todo el día rondándome. Me senté y escribí, bajo mi humilde y nada sospechosa opinión, uno de los mejores textos que he redactado en mucho tiempo. Lo podéis encontrar un poco más abajo de esta publicación bajo el título «Descifrando los cambios, artículo 3». Aunque, ahora que lo pienso, ahí también cometí un pequeño lapsus. Debió llamarse «Capítulo 3» y no «Artículo 3». Las consecuencias de intentar escribir mientras se sigue un partido de reojo. Hay actividades que el cerebro todavía no ha aprendido a compatibilizar. Así que ustedes disculpen el desliz. Y, como os decía, lo encontraréis un poco más abajo de esta publicación. Que tengáis un espléndido día y, sobre todo, un magnífico comienzo de semana. Y cuidado con las inspiraciones repentinas... suelen aparecer justo cuando uno pensaba que iba a descansar. Tesalia Zeus.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Katún (unidad maya), El estudio del tiempo en latitud