SÁBADO SABADETE: MARTE, VENUS Y ESA COSA TAN SOBREVALORADA LLAMADA SEXO
Ya nos encontramos en sábado sabadete, ese día de la semana en el que los medios de comunicación, las redes sociales y media humanidad parecen ponerse de acuerdo para recordarnos que deberíamos estar practicando alguna de las grandes religiones modernas: el deporte, la democracia, las terapias familiares o el sexo.
No necesariamente por este orden.
Las terapias familiares. Ese era el nombre que buscaba. Curiosa actividad humana donde varias personas que llevan décadas sin escucharse acuden a un especialista para que les explique precisamente lo que llevan décadas sin escuchar.
Pero hoy no hablaremos de eso.
Hoy vamos a hablar de otro de esos conceptos gigantescos que parecen sostener el universo moderno: el amor y el sexo.
Dos palabras que suelen aparecer juntas, aunque muchas veces viajan en vagones distintos y, en ocasiones, incluso en trenes que circulan en direcciones opuestas.
Desde pequeños nos enseñan que el amor es la solución a todos los problemas. Más adelante descubrimos que gran parte de la población busca amor para compensar la ausencia de otras cosas: seguridad, reconocimiento, afecto, compañía, autoestima o simplemente alguien que escuche las mismas historias por quinta vez sin huir por la ventana.
Pero si hablamos de astrología, Venus por sí sola no basta.
Venus representa la atracción, el placer, la capacidad de disfrutar, la belleza, la ternura, la armonía y el deseo de compartir.
Sin embargo, Venus puede pasarse meses admirando un paisaje sin mover un dedo.
Para que ocurra algo hace falta Marte.
Marte es el deseo que actúa.
La iniciativa.
La conquista.
La tensión.
La pasión.
El impulso.
La necesidad de acercarse a aquello que Venus considera atractivo.
Dicho de forma sencilla: Venus elige el menú; Marte entra en la cocina.
Por eso una vida sexual saludable depende de que ambos planetas colaboren.
Una Venus fuerte sin Marte puede producir personas que aman mucho, sueñan mucho y fantasean mucho... pero hacen poco.
Un Marte fuerte sin Venus puede producir personas que actúan mucho, persiguen mucho y consumen mucho... pero disfrutan sorprendentemente poco.
La clave está en el equilibrio.
Venus aporta calidad.
Marte aporta intensidad.
Venus conecta.
Marte enciende.
Venus acaricia.
Marte empuja.
Venus busca encuentro.
Marte busca experiencia.
Cuando ambos funcionan razonablemente bien, el sexo deja de ser una competición, una obligación, una demostración de poder o un examen de rendimiento.
Se convierte simplemente en una forma de intercambio humano.
Algo bastante más sencillo de lo que nos quieren vender.
Porque si uno observa la publicidad, las películas y las redes sociales, podría pensar que la vida sexual perfecta exige cuerpos imposibles, técnicas secretas, una resistencia física comparable a la de un ciclista profesional y una creatividad digna de un director de cine experimental.
La realidad suele ser bastante más modesta.
Y probablemente bastante más satisfactoria.
Desde una perspectiva astrológica, los problemas suelen aparecer cuando Marte y Venus dejan de hablarse.
Cuando el deseo no acompaña al afecto.
Cuando existe atracción pero no cercanía.
Cuando existe cariño pero desaparece la chispa.
Cuando uno de los dos quiere vivir una novela romántica y el otro parece estar participando en una maniobra militar.
La buena noticia es que estos desequilibrios son normales.
La mala noticia es que también son normales los intentos humanos de resolverlos complicándolo todo.
Quizá por eso el sexo está tan sobrevalorado.
No porque no sea importante.
Lo es.
Como comer, dormir o respirar.
Pero nadie construye una identidad completa alrededor de un buen plato de lentejas.
Con el sexo, sin embargo, llevamos siglos intentando demostrar quiénes somos, cuánto valemos y lo felices que deberíamos parecer.
Y tal vez ahí reside el verdadero problema.
Marte y Venus nunca pretendieron cargar con semejante responsabilidad.
Uno solo quería actuar.
La otra simplemente quería disfrutar.
El resto lo hemos añadido nosotros.
"Quizá la revolución sexual pendiente no consista en practicar más sexo, sino en necesitar hablar menos de él."
Tesalia Zeus
Katún (unidad maya), El estudio del tiempo en latitud
Katún (del maya: K'Atun ‘especie de veinte años’‘hun katún (veinte años Unidad de tiempo del calendario maya equivalente, según la versión más aceptada, a veinte años (en años —tunes— de 360 días), esto es, 7.200 días. A pesar de alguna discrepancia interpretativa, todos los mayistas están de acuerdo es que katún significa fin de periodo, cierre de periodo de tiempo, ya que k'al tun significa en lengua maya piedra que cierra. La piedra que cierra, solo oculta todo un campo de investigación, el tiempo y la forma en que lo medían los mayas, desde años concordaba con ellos en el periodo del katún, a nivel muy secundario dando así prioridad a otros tipos de cálculos donde realizar pronósticos y distintas observaciones. Ahora mas cerca del terreno que ubicaron y a solo 2.500 años de su aparición, le daré prioridad, de estas tierras brotaron, y sus cálculos andan fuera de toda duda. ¿Porque no? Trabajar con una herramienta autóctona, allá donde fueras…. >Una zona que tien...

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