Tras concluir la segunda parte de la revolución solar de Donald Trump, me he sentido capacitado para confrontar otra que llevaba algunos días posponiendo. Ya no podía retrasarla más, porque el hombre en cuestión parece tener cierta prisa por resolver algunos asuntos. Vaya novedad. Pero así son las cosas. Así pues, me he puesto manos a la obra y, ahora que la interpretación está bastante avanzada, voy a mostraros uno de esos pequeños trucos que utilizo de vez en cuando. Cuando me encuentro con una carta como la que podéis ver a la izquierda de la imagen, una carta que una clienta especialmente divertida —con la que solemos pasarlo muy bien en consulta— definiría sin pestañear como "un follaero", suelo tomar algunas precauciones psicológicas. Y, siendo sinceros, algo de razón tiene la amiga. Porque si observáis la carta, comprobaréis que no estamos precisamente ante uno de esos mapas celestes que se dejan interpretar mientras uno se toma tranquilamente un café. Hay líneas por todas partes, tensiones, concentraciones planetarias, aspectos cruzados y suficientes ingredientes como para que cualquier astrólogo sensato se plantee durante unos segundos dedicarse a la jardinería. Por eso, cuando la carta alcanza semejante nivel de complejidad técnica, suelo colocar junto a ella una fotografía de un paisaje agradable. Un bosque tranquilo, una playa desierta, una montaña cubierta de niebla, cualquier cosa que me recuerde que todavía existe cierta armonía en el universo. Entonces alterno la mirada. Miro la carta. Miro el paisaje. Vuelvo a mirar la carta. Regreso al paisaje. Repito el proceso hasta que mi sistema nervioso considera que puede continuar colaborando. Porque antes de aclararle las cosas al consultante, conviene tenerlas razonablemente claras uno mismo. De lo contrario, la consulta podría convertirse en una terapia grupal donde astrólogo y cliente intentan comprender juntos qué demonios está ocurriendo. Y en esta ocasión he necesitado recurrir varias veces al paisaje. Veamos la revolución solar de un hombre Piscis, como quien escribe estas líneas, aunque algo más joven. La primera impresión al contemplar esta revolución solar es bastante contundente. Tenemos un auténtico atasco planetario en la casa 12: Saturno, Venus, Sol, Mercurio, Marte y el Nodo Norte. Cuando una carta presenta semejante concentración de energía en un único sector, la interpretación debe comenzar necesariamente por ahí, porque todo lo demás queda subordinado a esa temática principal. La casa 12 es un territorio complejo. Es la casa de los finales de ciclo, de aquello que se desarrolla entre bastidores, de los procesos de retiro, de los sacrificios necesarios, de las limitaciones aceptadas o impuestas y, sobre todo, de las cuentas pendientes que ya no admiten más aplazamientos. Por eso, cuando veo una revolución solar como esta, la primera pregunta que me hago no es qué va a conseguir la persona durante el año, sino qué tiene pendiente resolver. La presencia del Sol en la casa 12 indica que la identidad misma se ve obligada a mirar hacia dentro. Es un año poco propicio para las grandes exhibiciones y muy adecuado para cerrar asuntos abiertos, comprender errores del pasado y preparar una nueva etapa. Mercurio en la misma zona lleva los pensamientos constantemente hacia preocupaciones internas. La mente trabaja mucho, quizá demasiado. Se reflexiona, se recuerda, se revisan decisiones antiguas y, en ocasiones, se corre el riesgo de dar demasiadas vueltas a las cosas. Marte en la casa 12 suele ser especialmente incómodo. La energía quiere actuar, pero encuentra obstáculos. Muchas veces aparece la sensación de luchar contra enemigos invisibles, circunstancias difíciles de controlar o incluso contra las propias contradicciones internas. Es una posición que exige prudencia para no acumular enfados silenciosos que terminen explotando en el momento menos oportuno. El Nodo Norte añade un matiz importante: todo este trabajo no es accidental. Hay una dirección evolutiva en marcha. La vida parece empujar al consultante precisamente hacia esos territorios que quizá preferiría evitar. Pero si hay una conjunción que llama especialmente la atención es la de Saturno y Venus. Venus representa los afectos, las relaciones, los valores personales y aquello que nos proporciona placer y bienestar. Saturno, por el contrario, introduce realidad, responsabilidad, límites y pruebas. Cuando ambos se unen en la casa 12, es frecuente encontrar una revisión profunda del mundo afectivo. Algunas relaciones se consolidan porque son sólidas; otras muestran grietas que ya no pueden ocultarse. También puede aparecer una sensación de distancia emocional, soledad voluntaria o necesidad de replantear qué personas merecen realmente ocupar un lugar en nuestra vida. No es necesariamente una posición negativa. De hecho, muchas veces es extraordinariamente madura. Lo que ocurre es que Saturno no regala nada: exige autenticidad. Y por si el paquete no fuera suficientemente intenso, aparece una Luna formando cuadratura con buena parte de esta concentración planetaria. Aquí encontramos la tensión emocional del año. La Luna representa las necesidades afectivas, las reacciones instintivas y la búsqueda de seguridad emocional. La cuadratura indica conflicto entre lo que se siente y lo que las circunstancias exigen. Es como si una parte de la persona quisiera refugiarse en la comodidad emocional mientras otra parte supiera perfectamente que ha llegado la hora de afrontar asuntos pendientes. En términos sencillos, esta revolución solar parece describir un año de limpieza interior. No necesariamente agradable, pero sí enormemente productivo para quien esté dispuesto a realizar el trabajo que se le pide. ¿Comprendéis ahora por qué esta consulta llevaba algunos días esperando pacientemente en la cola? Mis apreciados lectores, si llegasteis hasta aquí, gracias una vez mas y ya estáis liberados de este tema, pero compadeceros de mi, me quedan 4 planetas y un sin fin de aspectos que analizar, por no hablar de como le presento este menu al piscis. Bay. Tesalia Zeus.

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