«Ya no somos ciudadanos; somos espectadores permanentemente conectados a una montaña rusa emocional.»
El país de las ilusiones de usar y tirar
Vivimos tiempos extraordinarios. Extraordinariamente rápidos, extraordinariamente superficiales y extraordinariamente volátiles.
En apenas unas horas hemos pasado de la ilusión colectiva ante la supuesta presencia del Papa en nuestro país a la más profunda desolación por un empate de la selección española de fútbol. Ayer éramos un pueblo emocionado, hoy somos un pueblo decepcionado. Mañana, seguramente, encontraremos una nueva causa que nos lleve otra vez a la euforia.
Porque, en realidad, ya no vivimos acontecimientos; vivimos estímulos.
Da igual cuál sea el motivo. Un rumor, un partido, una fotografía, una declaración política, una polémica en las redes sociales o un vídeo de treinta segundos son suficientes para alterar el estado emocional de millones de personas.
Hemos construido una sociedad donde la ilusión dura exactamente lo mismo que dura un titular.
Y lo más sorprendente es que, en muchos casos, ni siquiera existe un fundamento sólido para semejante montaña rusa emocional. Nos ilusionamos antes de que ocurra nada y nos deprimimos antes de que haya terminado nada.
Nos hemos convertido en especialistas en fabricar expectativas y en maestros del desencanto.
España parece haber adoptado una extraña filosofía nacional: pasar de la euforia al abatimiento en tiempo récord. Hoy somos campeones del mundo y mañana somos un desastre sin remedio. Hoy admiramos a alguien y mañana pedimos su dimisión. Hoy creemos haber encontrado la solución y mañana buscamos un nuevo culpable.
Tal vez el problema no sea el Papa, ni el fútbol, ni la política, ni las noticias del día.
Tal vez el problema sea nuestra incapacidad para construir ilusiones duraderas basadas en algo real.
Porque una sociedad que necesita emocionarse constantemente acaba dependiendo de la siguiente dosis de entretenimiento colectivo.
Y una sociedad emocionalmente dependiente resulta extraordinariamente fácil de manipular.
Mientras tanto, los verdaderos problemas permanecen inmóviles y silenciosos: la soledad, la incertidumbre económica, el envejecimiento de la población, la pérdida de proyectos vitales y la sensación creciente de que todo cambia demasiado deprisa.
Pero eso no genera tanta audiencia.
Así que seguiremos esperando el próximo acontecimiento milagroso que nos permita pasar unas horas de entusiasmo antes de regresar, inevitablemente, a la siguiente decepción.
Quizá haya llegado el momento de dejar de perseguir emociones prestadas y empezar a construir motivos propios para la esperanza.
Porque vivir permanentemente entre la euforia y el abatimiento no es vivir; es simplemente consumir estados de ánimo.
Tesalia Zeus.
Hay días amig@s, que tienen algo especial, hoy 16/6, el año no importa, Como cualquier otro día, cumplirían años y cumplen años un sinfín de personas, entre ellas, Gerónimo, jefe indígena norteamericano, Stan Laurel, El Flaco, actor británico de cine cómico (El Gordo y el Flaco), López Portillo, abogado y político mexicano, presidente de México, César Pérez de Tudela, alpinista español, Giacomo Agostini, motociclista italiano, Leopoldo María Panero, escritor español. Entre todos ellos, sobresalen 2, como los nenúfares que anclan sus raíces en el lodo y muestran su belleza, sobre las aguas, el Leopoldo María Panero (el hijo) un poeta maldito, o un maldito poeta. Ella Alice A. Bailey, la mujer que incoó más profundamente sus garras en mí, que al igual que Juan Manuel Serrat, puedo decir, “He tingut sort amb les dones, i ja és dir”. Permitirme hoy, un homenaje, una presentación del personaje a todos aquellos que no han conocido su obra, alguien imprescindible para aquellos que se consid...

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