El eclipse ya ha empezado. Ahora toca mirar
Ayer nos preguntábamos si el eclipse ya había comenzado.
No era una pregunta retórica.
En los últimos días hemos asistido a una curiosa sucesión de acontecimientos que, observados desde la distancia, parecen formar una especie de dibujo difícil de ignorar.
España vuelve a mirar hacia el Mediterráneo.
Las fronteras vuelven a ocupar el centro de la conversación política.
Italia vuelve a aparecer frente a nosotros.
Y, mientras tanto, el cielo se prepara para uno de esos acontecimientos que durante siglos hicieron que nuestros antepasados levantaran la mirada con una mezcla de temor y fascinación.
Mañana, 12 de agosto, el Sol desaparecerá durante unos minutos.
Naturalmente, sabemos por qué.
La Luna pasará delante del Sol y su sombra recorrerá una parte de la Tierra.
No hay misterio astronómico en ello.
Pero quizá el misterio esté en otra parte.
Porque los eclipses siempre han tenido una particularidad: nos hacen prestar atención.
Durante unos minutos cambia la luz, cambia el paisaje, cambia el comportamiento de los animales y cambia también nuestra percepción del tiempo.
Todo aquello que unos minutos antes parecía normal deja de serlo.
Y quizá por eso los eclipses han acompañado tantos momentos importantes de nuestra historia.
No porque necesariamente los hayan provocado.
Eso sería una conclusión demasiado fácil.
Sino porque los seres humanos hemos aprendido, generación tras generación, a mirar los acontecimientos de la Tierra mientras mirábamos también los acontecimientos del cielo.
Y aquí aparece la astrología.
No se trata de afirmar que un eclipse provoca una guerra, una crisis política o una decisión de gobierno.
La pregunta que nos interesa es bastante más incómoda:
¿Puede existir una relación significativa entre determinados momentos del cielo y determinados momentos de nuestra historia?
No es una pregunta sencilla.
Y precisamente por eso merece ser observada con cuidado.
Porque si queremos hablar de astrología desde la investigación y el pensamiento crítico, también tenemos que aceptar la posibilidad de equivocarnos.
No todo acontecimiento que sucede cerca de un eclipse tiene que estar relacionado con él.
Las coincidencias existen.
La memoria humana también selecciona aquellas coincidencias que mejor encajan con nuestras expectativas y olvida muchas otras.
Por eso mañana no deberíamos limitarnos a mirar el cielo y buscar señales.
Deberíamos observar.
Observar qué ocurre.
Observar cómo reaccionamos.
Observar qué acontecimientos se producen alrededor del eclipse.
Y, sobre todo, observar qué permanece cuando la sombra desaparezca.
Porque un eclipse dura unos minutos.
Pero algunas de las preguntas que despierta pueden acompañarnos durante mucho más tiempo.
Y quizá ahí esté lo verdaderamente interesante.
No en intentar adivinar qué traerá el eclipse.
Sino en descubrir qué somos capaces de ver cuando la luz cambia.
Mañana, desde Observatorio Tesalia, seguiremos mirando.
Al cielo.
A la historia.
A los acontecimientos.
Y también a nosotros mismos.
El experimento acaba de comenzar.
Hay días amig@s, que tienen algo especial, hoy 16/6, el año no importa, Como cualquier otro día, cumplirían años y cumplen años un sinfín de personas, entre ellas, Gerónimo, jefe indígena norteamericano, Stan Laurel, El Flaco, actor británico de cine cómico (El Gordo y el Flaco), López Portillo, abogado y político mexicano, presidente de México, César Pérez de Tudela, alpinista español, Giacomo Agostini, motociclista italiano, Leopoldo María Panero, escritor español. Entre todos ellos, sobresalen 2, como los nenúfares que anclan sus raíces en el lodo y muestran su belleza, sobre las aguas, el Leopoldo María Panero (el hijo) un poeta maldito, o un maldito poeta. Ella Alice A. Bailey, la mujer que incoó más profundamente sus garras en mí, que al igual que Juan Manuel Serrat, puedo decir, “He tingut sort amb les dones, i ja és dir”. Permitirme hoy, un homenaje, una presentación del personaje a todos aquellos que no han conocido su obra, alguien imprescindible para aquellos que se consid...

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