La carta de la lunación: España bajo el eclipse
Llevamos varios días —por no decir semanas— oyendo hablar del eclipse. Que si el eclipse por aquí, que si el eclipse por allá, que si hay que mirar al cielo, que si no hay que mirarlo directamente, que si será importante, que si traerá cambios… En fin, amigos, que al pobre eclipse le hemos hecho trabajar más que a un ministro en agosto.
Pero una cosa es hablar del eclipse y otra muy distinta es levantar su carta para un lugar concreto y observar qué nos está diciendo.
Cuando hablamos de una carta de lunación, estamos analizando el periodo que comienza en el momento exacto de la Luna nueva o, en este caso, del eclipse, y que se prolonga aproximadamente durante un ciclo lunar, unos 28 días. Al calcularla para una determinada zona geográfica podemos observar cómo se expresa esa lunación en ese territorio.
En este caso he levantado la carta para España, utilizando las coordenadas de Madrid. Por tanto, aunque hablamos de una carta calculada para la capital, su lectura pretende mostrarnos las tendencias generales que pueden afectar al conjunto del país.
Si el tiempo me lo permite —cosa que últimamente empieza a parecer una cuestión de fe—, mañana intentaré hacer lo mismo para mis queridos amigos mexicanos. Esta mañana me levanté temprano con la intención de observar el cielo y, después de todo el montaje, terminé viendo bastante poco. La meteorología también tiene sus propias opiniones astrológicas.
Pero vamos a lo que realmente nos interesa.
El eclipse en la Casa VII: los demás también existen
La primera cuestión que llama poderosamente la atención es que la lunación, y por tanto el eclipse, se produce en Leo y en la Casa VII de España.
La Casa VII es, simplificando mucho, la casa de los otros: socios, aliados, adversarios, relaciones, acuerdos, asociaciones y, en términos políticos, aquellos con quienes necesariamente tenemos que entendernos aunque en ocasiones tengamos serias dudas sobre nuestras ganas de hacerlo.
Un eclipse aquí pone el foco precisamente sobre esas relaciones.
Durante este mes podemos esperar movimientos, tensiones, reajustes o acontecimientos significativos relacionados con alianzas, pactos, acuerdos y relaciones con terceros. Y no debemos olvidar que estamos hablando de un eclipse: su efecto no se limita necesariamente a los aproximadamente 28 días de la lunación.
La lunación tiene su duración habitual. El eclipse juega en otra liga.
Puede señalar procesos que se desarrollan durante los meses siguientes y que obligan a revisar determinadas relaciones, acuerdos o posiciones mantenidas hasta ahora.
Y aquí aparece la primera de esas pequeñas casualidades que, últimamente, parecen empeñadas en multiplicarse.
Ascendente a 20 grados: una casualidad bastante exacta
El Ascendente de esta carta también se encuentra aproximadamente a 20 grados, estableciendo un quincuncio prácticamente exacto con el punto de la lunación.
Ya tenemos, por tanto, una conexión muy estrecha entre aquello que inicia el periodo y la manera en que ese periodo se manifiesta.
El quincuncio no suele ser el aspecto más cómodo del repertorio astrológico. No habla precisamente de sentarse tranquilamente en una terraza y contemplar cómo todo se arregla solo.
Habla de ajustes, adaptación, incomodidad y necesidad de modificar algo que no termina de encajar.
Y si además tenemos en cuenta que el eclipse se encuentra en la Casa VII y el Ascendente representa la propia identidad y la manera de afrontar las circunstancias, la imagen resulta bastante clara: España se encuentra ante un periodo en el que tendrá que ajustar su posición respecto a los demás y, al mismo tiempo, ajustar su propia posición interna.
Pero todavía nos queda una pieza fundamental.
Saturno, en la puerta de la Casa III
El regente del Ascendente es Saturno, y aquí empieza a ponerse interesante.
Saturno se encuentra prácticamente en la misma cúspide de la Casa III. No está perdido por ahí en algún rincón de la carta esperando que alguien se acuerde de él. Está literalmente llamando a la puerta.
La Casa III tiene relación con la comunicación, los medios, la información, los desplazamientos, los documentos, los acuerdos cotidianos y también con la manera en que circulan las ideas y los mensajes.
Saturno ahí introduce, como mínimo, una palabra que todos conocemos perfectamente:
control.
Control de la información, responsabilidad en la comunicación, limitaciones, decisiones que requieren prudencia y, posiblemente, una cierta tendencia a que aquello que se dice tenga consecuencias bastante más serias de lo que parece en el momento de decirlo.
Y Saturno, además, se encuentra en oposición con Venus en Libra y en Casa VIII.
Esto ya nos lleva directamente a otro terreno.
Y aquí, amigos míos, conviene que dejemos durante un momento la ironía.
Hablemos de dinero
Voy a ponerme un poco más serio porque este tema así lo requiere.
Cuando entramos en la Casa II, estamos hablando de dinero, recursos, economía, capacidad de sostenerse, bienes y, en términos mundanos, de aquello que permite que un país funcione materialmente.
Y aquí la carta empieza a ser especialmente interesante.
La cúspide de la Casa II se encuentra en Piscis, por lo que su regente tradicional es Júpiter y su regente moderno, Neptuno. Y es precisamente Neptuno el que encontramos al final de la Casa II, en Aries, prácticamente en una posición de frontera, además de encontrarse en conjunción con el Infortunio.
No es precisamente la decoración que uno escogería para una exposición dedicada a la estabilidad financiera.
Neptuno en la Casa II puede introducir incertidumbre, confusión, expectativas difíciles de materializar, recursos poco claros o una percepción distorsionada de la verdadera situación económica.
Y aquí tenemos que recordar algo muy sencillo: en economía, una cosa es lo que creemos tener, otra lo que realmente tenemos y otra, bastante diferente, lo que debemos.
A veces las tres cifras coinciden.
No suele ser lo habitual.
Este Neptuno, además, se encuentra en oposición a Venus en Libra y Casa VIII. Y esta oposición es incluso más exacta que la que mantiene Saturno con Venus.
La Casa VIII nos lleva hacia los recursos compartidos, deudas, créditos, obligaciones económicas, impuestos, financiación y recursos que no dependen exclusivamente de nosotros.
De modo que tenemos un eje Casa II-Casa VIII extraordinariamente activado.
Dicho en castellano antiguo: el dinero propio y el dinero de los demás están teniendo una conversación bastante seria.
Y no necesariamente una conversación agradable.
La T cuadrada: cuando la economía decide complicarse
Como si esto fuera poco, encontramos una T cuadrada formada por Neptuno, Marte y Venus.
Neptuno está en Aries y Casa II.
Marte acaba de entrar en Cáncer y se encuentra en la Casa VI.
Y Venus está en Libra, en la Casa VIII.
Aquí aparece otro elemento fundamental: la Casa VI está relacionada con el trabajo, las condiciones laborales, los servicios, la actividad cotidiana y también con todo aquello que sostiene el funcionamiento práctico de una sociedad.
Marte recién entrado en Cáncer introduce una energía activa, combativa y emocional en ese ámbito.
Y si ponemos las tres piezas juntas, tenemos:
recursos y economía — trabajo y funcionamiento cotidiano — recursos compartidos, deudas y obligaciones.
No hace falta ser economista para comprender que estamos ante una combinación que merece atención.
Y aquí es donde la astrología puede resultar particularmente interesante: no porque nos diga cuánto va a subir o bajar la bolsa el próximo martes, sino porque puede mostrarnos qué áreas de la realidad están sometidas simultáneamente a presión y necesitan reajustes.
Y esta carta señala con bastante claridad el terreno económico y material.
Pero aparece un gran trígono
Y entonces, cuando uno empieza a pensar que la carta se ha puesto demasiado seria, aparece otro elemento.
Tenemos un gran trígono formado por Plutón, Urano y Venus.
Plutón, Urano y Venus establecen entre sí una configuración que, dentro de todo este panorama, introduce una corriente completamente diferente.
Y aquí es donde, por el momento, voy a permitirme una pequeña licencia.
A este gran trígono le voy a llamar el Maya de esta lunación.
¿Por qué?
Eso os lo explicaré más adelante.
Porque una configuración armónica no significa necesariamente que todo vaya a ser maravilloso, ni que los problemas desaparezcan mágicamente porque tres planetas hayan decidido llevarse bien entre ellos.
A veces aquello que parece facilitar las cosas también puede contribuir a que no veamos con claridad aquello que tenemos delante.
Y eso, precisamente, es lo que me interesa de este gran trígono.
Porque tenemos una carta donde las tensiones económicas son bastante evidentes, pero al mismo tiempo aparece una configuración extraordinariamente armónica que puede actuar como mecanismo de compensación, de transformación o, quizá, también como una especie de velo.
Y será precisamente esta contradicción la que tendremos que seguir observando.
Por ahora, dejémoslo aquí.
Ya tenemos bastante material para una primera lectura: un eclipse en la Casa VII, un Ascendente relacionado exactamente con él mediante un quincuncio, Saturno vigilando desde la cúspide de la Casa III, una Casa II profundamente comprometida, Neptuno enfrentado a Venus, Marte formando una T cuadrada y, como contrapunto, un gran trígono que parece llegar para decirnos que quizá no todo está tan mal.
O quizá sí.
Ya saben ustedes que las cartas astrales tienen la desagradable costumbre de no facilitar las cosas.
Y esta, desde luego, tampoco parece dispuesta a hacerlo.

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